miércoles, 9 de diciembre de 2020

Besos en la Espalda

 

Y te diste vuelta. Estabas desnuda porque recién habíamos hecho el amor. Pusiste tus manos debajo de la almohada, pero antes te corriste el pelo a un costado del cuello. Cerraste los ojos. Me concentré para escuchar tu respiración. Me acerqué despacio y puse mis labios sobre tu oreja, como la primera vez que te susurré que te quería. Ese día me abrazaste muy fuerte y me dijiste que a vos te pasaba lo mismo. No sabés lo feliz que me hiciste. Bajé como un tobogán por tu cuello, y tu perfume me hizo sentir en un campo de lavanda. Me detuve un momento para disfrutar del aroma, aunque me hubiera quedado ahí para siempre, como cada vez que te rodeo con mis brazos. Seguí bajando y llegué hasta tus hombros. Me teletransporté frente mar y te dije suavecito, como aquella vez en nuestras primeras vacaciones, que quería que estuvieras conmigo para siempre. Seguí recorriendo tu columna, sentí tu piel suave y dorada como el sol de la tardecita. Crucé tus omóplatos, como San Martín cruzó los andes. Te moviste un poquito. También sonreíste. Me acordé de la primera vez que me enamoré de tu sonrisa. Fue el primer día que te vi, hace 428 días. Tenías puesto un vestido amarillo y estabas rodeada de amigos. Aquella vez supe que eras el amor de mi vida. Recorrí tus costillas zigzagueando como en una pista de ski esquivando todos los altibajos que tuvimos, pero que siempre pudimos superar. Rápidamente caí en tu cintura y me hundí entre tus lunares. Recorrí de una punta a la otra, y se me vino a la mente nuestro primer beso. Esa noche te agarré de la mano y luego mis dedos tocaron tu contorno. Me miraste intensamente y mis labios no se pudieron controlar. Al principio fue tímido y mi corazón latía muy fuerte, pero con cada segundo que pasaba, la paz invadía mi cuerpo y el fuego crecía. Finalmente llegué a tu cadera, esa que me vuelve loco cada vez que veo con poca ropa. Subí nuevamente, recorriendo todo, pero sin frenar en ningún lado. Me puse frente a tu cara. Tus ojos ya están abiertos y se reflejaban en los míos. Ojalá fueras eterna.



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