Francisco tenía la tele puesta de fondo mientras trabajaba en su casa de Coghlan. Tuvo que detenerse cuando llegó a sus oídos el titular “Un cadáver fue encontrado en la casa del músico Gustavo Cerati”. Cortó con lo que estaba haciendo y subió el volumen para escuchar mejor la noticia. Los restos habían sido encontrados por obreros que estaban trabajando en la demolición de la casa. Estaban cerca de la medianera y a unos sesenta centímetros de profundidad. El equipo forense recién había llegado al lugar, así que por el momento no tenían más información. Los periodistas hablaron un poco más sobre el tema, pero al no tener datos concretos, se pusieron a charlar de la manifestación que iba a ocurrir a la tarde. En ese momento, Francisco apagó la televisión y se quedó pensativo unos minutos. ¿Acaso su ídolo era un asesino? No, era imposible. Agarró el celular y le escribió un Whatsapp a Rolo, su mejor amigo.
-¿Viste lo de Cerati?
- Si. Me dijo uno acá en la oficina. Tremendo.
- ¿Cuando salís vamos a ver qué onda?
- Dale
El resto de la tarde a Francisco le costó concentrarse en el trabajo. No veía la hora de que fueran las seis para poder ir hasta la casa de Cerati a ver qué pasaba. A las seis en punto apagó la computadora, se bañó y se cambió mientras esperaba que Rolo llegara. Cuando le tocó el timbre, apenas lo dejó ir al baño. “Dale, vamos”, le dijo y empezó a caminar rapidito las cuadras que lo separaban del lugar de los hechos. Mientras caminaban, Rolo le empezó a contar algo que le había pasado en el trabajo, pero Francisco no lo escuchaba. Estaba muy ansioso por conocer más sobre el asesinato y no entendía cómo Rolo le hablaba de cualquier cosa. Cuando llegaron, estaba todo cercado. Había mucha policía y entraba y salía gente de la casa de Cerati y de la de al lado. También estaba lleno de periodistas. Intentaron averiguar más sobre lo ocurrido, pero nadie les quería decir nada. Después de un rato, entendieron que no iban a poder obtener ninguna información y se fueron.
Mientras cenaban una pizza, charlaban.
- ¿Quién será el muerto?, preguntó Rolo
- Ni idea, pero Cerati no pudo haberlo matado. Debe haber una confusión, respondió Francisco.
- Fran. Yo sé que Gustavo es tu ídolo, pero los ídolos también son personas. Yo no creo tampoco que él lo haya matado, pero que pudo hacerlo es una posibilidad.
- Nah, Gustavo no mataría ni a una mosca, dijo Francisco y dio por terminada la charla.
A la noche le costó un poco dormirse. Rolo tenía razón: los ídolos también son personas.
A la mañana siguiente prendió la tele para ver si había más noticias, pero solo repetían lo mismo que ya sabía: que un grupo de obreros encontró un esqueleto mientras hacía excavaciones en la casa de Cerati. Apagó la tele y le dio play a “Lago en el cielo”. Mientras terminaba de completar un Excel, el aleatorio puso “Crimen”. De repente Francisco le prestó más atención a la letra “.. y en un lento degradé, supe que te perdí”, “una rápida traición y salimos del amor”, “si no olvido, moriré”, “y otro crimen quedará, sin resolver”. Abrió los ojos como dos platos ¿Y si….? Agarró el celular tan rápido que casi se le cayó de las manos. Le mandó un audio a Rolo. “¿Alguna vez le prestaste atención a la letra de “Crimen”?” ¿Y si la escribió después de matar al tipo que está enterrado e hizo que esa confesión se transformara en un éxito? Mientras terminaba de mandar ese audio, empezó a sonar “Corazón delator”. Automáticamente le mandó otro audio a Rolo. “Cancelá todos los planes que tengas hoy. Tenemos trabajo para hacer”.
Esa noche Rolo llegó a lo de Francisco con un pack de cervezas debajo del brazo. “Creo que te estás obsesionando un poco con el tema”, dijo mientras entraba a la casa. “Pero me salvaste de una cena a la que no quería ir así que soy todo oídos. ¿Qué es lo que querés hacer?"
Cuando entraron al comedor, la mesa estaba llena de papeles.
Tenemos que encontrar en los temas de Soda y Cerati solista indicios de que él es un asesino, dijo Fran.
Amigo, realmente creo que se te chifló el moño, le respondió Rolo. ¿Para qué querés hacer eso? ¿Y por qué imprimiste todas las letras si las podemos ver desde la compu?, le respondió Rolo.
Con papel hay más claridad y no te distraés con nada de la compu.
Rolo miró a Francisco con desconfianza, pero no le dijo nada más, solo que compraran algo para comer que estaba muerto de hambre.
Las horas pasaron, las empanadas desaparecieron, las cervezas se vaciaron hasta que finalmente se hicieron las tres de la mañana.
- Amigo, yo me voy a ir yendo si. Estoy muerto, le dijo Rolo a Francisco.
- Dale, igual creo que ya terminamos. Tenemos en total seis canciones que hablan sobre muerte explícita o implícitamente: Crimen, Corazón delator, El cuerpo del delito, Entre Caníbales, Lo que sangra y Adiós. Tenemos frases como: “salgamos de la habitación, escondámoslo en un lugar seguro”, “Come de mi, come de mi carne. Tómate el tiempo de desmenuzarme”, “Cruje tu nombre en las paredes”, “No conocían la profundidad, hasta que un día no dio para más”.
- Buenísimo. ¿Y qué hacemos con todo esto ahora? ¿Vamos a la policía y les decimos “Gustavo Cerati es el asesino porque tiene seis canciones que hablan sobre la muerte?”
Francisco lo miró a Rolo un poco avergonzado.
- ¿Qué pasa Fran? ¿Por qué te obsesionaste tanto con esto?, le preguntó Rolo con una mirada suave
- Fran suspiró, se tiró en la silla y dijo: “Yo conozco a Cerati por mi viejo. Él me mostró toda su discografía. Me enseñó los acordes de la mayoría de las canciones. Y en su último tiempo, cuando estaba en el hospital, le ponía algunos temas y decía que escucharlo le aliviaba el dolor. Cerati nos unía y lo acompañó hasta el final. Si es un asesino, siento que todos esos buenos recuerdos, se corrompen. Por eso, prefiero ir mentalizándome de que Gustavo fue un asesino para no odiarlo tanto. Para no odiarlo por romper lo que me queda de mi viejo.
- Fran, los recuerdos que tenés con tu papá no se van a corromper porque Cerati sea un asesino. No tiene nada que ver una cosa con otra. O sea, si lo es, seguramente deje de ser tu ídolo, pero no va a suceder nada con lo vivido con tu viejo. Solo tenés que separar al músico de la persona, le respondió Rolo comprensivo.
- Si, tenés razón. Todo esto fue una locura.
- No pasa nada. Qué mejor que pasar una noche con tu mejor amigo, tomando birra, comiendo empanadas y escuchando a tu artista favorito. Pero bueno, ya es muy tarde así que me voy.
Ambos se levantaron y Fran lo acompañó hasta la puerta.
- No te preocupes, vas a ver que Cerati no mató a nadie. Ya veremos qué dicen las noticias. Mientras tanto, pensá en otras cosas, le dijo Rolo mientras se despedía.
Una semana más tarde, mientras Francisco se preparaba el almuerzo, prendió la tele y escuchó una noticia que le alegró el día: el cuerpo no fue hallado en la casa de Cerati sino en la casa vecina. Además, el cuerpo tenía un reloj Casio con calculadora que fue clave para enmarcar el asesinato entre 1980 y 1990.
En ese momento, también le llegó un mensaje de Rolo “¿Escuchaste? Los periodistas habían dicho cualquier cosa. Al cuerpo lo encontraron en la casa del vecino de Cerati. Ya podés dejar a tus recuerdos en paz”.
Francisco le respondió: "Lo acabo de escuchar. No sabés la felicidad que me da saber que Cerati no es un asesino. Lo que sí, si el cuerpo estaba en la casa de al lado, significa que el asesino fue alguno de los Crat. Yo re conozco a esa familia. No puedo creerlo. ¿Quién será el muerto?"
"No sé quién será el muerto ni el asesino, pero me conformo con saber que Cerati no fue y a mi amigo no me va a volver hacer analizar la discografía completa de su músico preferido hasta las tres de la mañana. ¿Querés tomar unas birras el jueves con Tomi y Coco?"
Las semanas pasaron y el crimen, de a poco, dejó de ser noticia. Los vecinos también dejaron de comentar sobre si existía la posibilidad de que alguno de los Crat pudiera cometer un crimen semejante. Sin embargo, cuando el caso ya estaba casi en el olvido, una noticia sacudió a todos: habían descubierto la identidad de la víctima. Con la pista del reloj, los investigadores se pusieron a buscar los registros de todos los desaparecidos entre la década del 80 y 90 y hubo una coincidencia, que luego fue constatada con ADN. El nombre de la víctima era Diego Hernández Loma de dieciséis años. En 1984, había ido a visitar a un compañero del colegio y nunca regresó. Su familia había hecho la denuncia correspondiente y lo buscó durante años, pero la investigación nunca avanzó. A esta información se le sumó que el cuerpo tenía lesiones compatibles con apuñalamiento en la zona de las costillas y el tórax. Además, tenía fracturas y cortes que indicaban que habían querido desmembrar el cuerpo. El principal sospechoso era Cristian Crat, compañero de colegio de Diego, aunque no podían detenerlo ya que habían pasado cuarenta años, por lo que el caso estaba prescripto.
Como era de esperarse, a Francisco le llegó un audio de Rolo:
- ¿Viste qué se resolvió el caso de Cerati?
- ¡Si! No puedo creer que haya sido Cristian y sobre todo, no puedo creer que no puedan meterlo preso. Pobre familia.
- Si, la verdad que es terrible. Pero por lo menos, después de tantos años buscándolo, supieron dónde estaba su hijo. ¿Qué habrá pasado, no?
- Nunca lo vamos a saber.
- Che, ¿y Cerati habrá escrito las canciones por él?
- Cómo las va a escribir por él si ni siquiera sabía de su existencia.
- Si, es verdad. Tiré cualquiera. Che, ¿sale picadito el viernes?
