miércoles, 27 de mayo de 2026

Crimen - Parte II

 1984, casa de Cristian Crat


Cristian escuchaba su casette de Virus cuando tocaron la puerta. Era Diego, su compañero de colegio que había ido a hacer un trabajo práctico. La profesora de historia había armado duplas al azar y le había tocado con él. Si bien no eran amigos, le caía bien. Le gustaba la música y era jugador de las inferiores de Excursionistas, entonces, cada tanto hablaban de bandas o de fútbol. 

Lo hizo pasar hasta su cuarto y le ofreció algo para tomar y un budín casero que le había dejado su mamá. Comenzaron a hacer el trabajo mientras intercalaban conversaciones sobre el futuro de Diego en el fútbol y el último disco de Queen. En un momento, la conversación derivó a sus compañeras de colegio. Este tema le ponía un poco nervioso a Cristian porque siempre estuvo enamorado de Carolina Vélez, pero como era muy tímido jamás se atrevió ni a hablarle. En cambio, Diego era muy sociable y carismático y se sabía que ya había estado con varias del curso. De repente, Diego le preguntó, sin muchos rodeos, si ya había tenido sexo. Le respondió que no y por curiosidad le devolvió la pregunta. Diego se le acercó un poco y hablando más bajito le dijo que si. Que hacía un par de semanas había tenido su primera vez con Carolina Vélez. A Cristian el corazón le dio un vuelco. ¿Cómo que con Carolina Vélez? Si jamás los había visto estar juntos. 


- Pero, si nunca te vi cerca de ella, ¿cómo es que de repente tuvieron su primera vez?

- Lo que pasa que ella es tímida y en el colegio prefiere que no nos vean juntos para que no la molesten. Pero nos vemos en el club cuando yo salgo de fútbol y ella de vóley. Hace como seis meses que salimos. Esto no se lo dije a nadie y no sé por qué te lo voy a decir a vos, pero necesito sacarlo para afuera: creo que estoy enamorado. 


Cuando escuchó esa frase, algo dentro de Cristian se rompió. Su cara se ensombreció y lo que ocurrió después no fue algo premeditado. Para cuando se dio cuenta, Diego yacía sin vida en el piso de su habitación con varios golpes y puñaladas. 


A eso de las seis llegaron sus padres y encontraron a Cristian sentado al lado del cuerpo en estado de shock.  Su madre pegó un grito y con lágrimas en los ojos empezó a decir “¿Qué hiciste, Cristian?” “¿Cómo pudiste hacer esto?”. Por su parte, el padre se agarraba la cabeza sin comprender bien qué era lo que estaba viendo. Cristian los miró con los ojos perdidos y les dijo que no sabía qué había pasado. Que cuando se dio cuenta, Diego ya estaba muerto y no pudo hacer nada al respecto. 

“Tenemos que llamar a la policía”, dijo el padre mientras sacaba su teléfono del bolsillo. La madre se lo sacó rápidamente de las manos. 


- ¿Qué estás haciendo? Si viene la policía y encuentran a este chico muerto Cristian va a ir a la cárcel. 

- ¿Y qué querés hacer, Marina? Hay chico muerto en nuestra casa.

- Si va a la cárcel lo van a matar. Él no estaba en sí cuando lo hizo. 

- Entonces habrá que encontrar un abogado que lo declare insano.

- Y así lo van a mandar a un loquero. Hay que deshacerse del cuerpo.

- A la que van a mandar a un loquero es a vos, Marina. ¿Qué estás diciendo? ¿Te pensás que estamos en una película? Vos sos maestra de inglés y yo vendo sillones, qué sabemos sobre desaparecer cuerpos. 


En ese momento, por un acto más impulsivo que racional, Marina se fue y volvió con una sierra. Sin embargo, cuando intentó desmembrar el cuerpo y la sangre comenzó a brotar, le dio tanta repulsión que terminó vomitando. 


- Estás loca, Marina. Ahora sí no vamos a poder llamar a la policía. Decime que vamos a hacer con este chico. Gritó el padre desesperado.


En ese momento, Cristian salió de su shock y dijo: “Podemos enterrarlo en el jardín. El otro día cuando arreglaron el caño dejaron la tierra movida. Vamos a poder sacarla con mayor facilidad”. "Tiene razón, ahí no lo va a encontrar nadie". Le dijo Marina a su marido. 


El padre agarrándose la cabeza y casi a punto de llorar aceptó la propuesta. Primero cavó el pozo, que no tuvo mucha profundidad. Luego, los tres llevaron el cuerpo al agujero y le tiraron tierra hasta que desapareció. Por último, llenaron la zona de macetas para que nadie se diera cuenta de nada. 


Cuando se hizo de noche, el teléfono sonó en la casa de los Crat. Eran los padres de Diego. Atendió Cristian y sin una pizca de culpa, les dijo que su hijo se había ido de su casa a eso de las cinco de la tarde y no le había dicho si se iba a otro lugar antes de ir para su casa. También le ofreció su ayuda para llamar a algunos compañeros de clase y le dijo que le avisaría si sabía algo de él. Actuó como si el cuerpo sin vida de su compañero no estaría enterrado en el jardín de su casa. 


Durante la semana, la policía fue a hacer algunas preguntas, pero quedaron convencidos con el testimonio de Cristian y no volvieron a aparecer. El revuelo por la desaparición de Diego duró menos de tres semanas. Por algún motivo, la policía no le dio relevancia al caso. Los padres nunca se cansaron de buscarlo. De hecho el papá de Diego falleció atropellado por un auto en una de esas búsquedas. 


La familia Crat vivió un tiempo con el remordimiento de lo que habían hecho, pero cuando el caso se apagó, volvieron a vivir una vida normal, la vida que le habían quitado a Diego. 


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Casa de Cerati, Coghlan 2003


En 2001 Gustavo Cerati se mudó a una vieja casa en Coghlan. El barrio era tranquilo y sus vecinos, los Crat, siempre eran muy amables con él y nunca se quejaban por la música a cualquier hora del día. Lo único que no le gustaba de esa casa era que cada tanto se escuchaban golpes, cosas arrastrándose y gritos que no entendía de dónde provenían. Era como si un fantasma habitara el lugar. Una noche, necesitaba inspiración para componer ya que tenía que terminar su próximo disco. Por lo tanto, tomó un poco de cocaína para dejar volar un poco su cabeza. Cuando la droga comenzó a hacer efecto, empezó a escuchar nuevamente los golpes y gritos y de repente, se apareció frente a él un chico. Se notaba que era joven, no tendría más de dieciseis años. Le dijo que se llamaba Diego y que lo habían asesinado. También le pidió que contara su historia. Necesitaba que sus padres se enteraran de lo que le había sucedido. Gustavo cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, el chico ya no estaba. No entendía muy bien lo que había sucedido. Supuso que era parte de su viaje. De repente, una melodía empezó a sonar en su cabeza. Rápidamente agarró un lápiz y empezó a escribir. Para cuando terminó el efecto de la droga, el tema “Crimen” ya estaba escrito. 





martes, 26 de mayo de 2026

Crimen - Parte I

Francisco tenía la tele puesta de fondo mientras trabajaba en su casa de Coghlan. Tuvo que detenerse cuando llegó a sus oídos el titular “Un cadáver fue encontrado en la casa del músico Gustavo Cerati”. Cortó con lo que estaba haciendo y subió el volumen para escuchar mejor la noticia. Los restos habían sido encontrados por obreros que estaban trabajando en la demolición de la casa. Estaban cerca de la medianera y a unos sesenta centímetros de profundidad. El equipo forense recién había llegado al lugar, así que por el momento no tenían más información. Los periodistas hablaron un poco más sobre el tema, pero al no tener datos concretos, se pusieron a charlar de la manifestación que iba a ocurrir a la tarde. En ese momento, Francisco apagó la televisión y se quedó pensativo unos minutos. ¿Acaso su ídolo era un asesino? No, era imposible. Agarró el celular y le escribió un Whatsapp a Rolo, su mejor amigo. 

-¿Viste lo de Cerati?

- Si. Me dijo uno acá en la oficina. Tremendo. 

- ¿Cuando salís vamos a ver qué onda? 

- Dale 


El resto de la tarde a Francisco le costó concentrarse en el trabajo. No veía la hora de que fueran las seis para poder ir hasta la casa de Cerati a ver qué pasaba. A las seis en punto apagó la computadora, se bañó y se cambió mientras esperaba que Rolo llegara. Cuando le tocó el timbre, apenas lo dejó ir al baño. “Dale, vamos”, le dijo y empezó a caminar rapidito las cuadras que lo separaban del lugar de los hechos. Mientras caminaban, Rolo le empezó a contar algo que le había pasado en el trabajo, pero Francisco no lo escuchaba. Estaba muy ansioso por conocer más sobre el asesinato y no entendía cómo Rolo le hablaba de cualquier cosa. Cuando llegaron, estaba todo cercado. Había mucha policía y entraba y salía gente de la casa de Cerati y de la de al lado. También estaba lleno de periodistas. Intentaron averiguar más sobre lo ocurrido, pero nadie les quería decir nada. Después de un rato, entendieron que no iban a poder obtener ninguna información y se fueron. 

Mientras cenaban una pizza, charlaban. 


- ¿Quién será el muerto?, preguntó Rolo

- Ni idea, pero Cerati no pudo haberlo matado. Debe haber una confusión, respondió Francisco.

- Fran. Yo sé que Gustavo es tu ídolo, pero los ídolos también son personas. Yo no creo tampoco que él lo haya matado, pero que pudo hacerlo es una posibilidad.

- Nah, Gustavo no mataría ni a una mosca, dijo Francisco y dio por terminada la charla. 


A la noche le costó un poco dormirse. Rolo tenía razón: los ídolos también son personas. 


A la mañana siguiente prendió la tele para ver si había más noticias, pero solo repetían lo mismo que ya sabía: que un grupo de obreros encontró un esqueleto mientras hacía excavaciones en la casa de Cerati. Apagó la tele y le dio play a “Lago en el cielo”. Mientras terminaba de completar un Excel, el aleatorio puso “Crimen”. De repente Francisco le prestó más atención a la letra “.. y en un lento degradé, supe que te perdí”, “una rápida traición y salimos del amor”, “si no olvido, moriré”, “y otro crimen quedará, sin resolver”. Abrió los ojos como dos platos ¿Y si….? Agarró el celular tan rápido que casi se le cayó de las manos. Le mandó un audio a Rolo. “¿Alguna vez le prestaste atención a la letra de “Crimen”?” ¿Y si la escribió después de matar al tipo que está enterrado e hizo que esa confesión se transformara en un éxito? Mientras terminaba de mandar ese audio, empezó a sonar “Corazón delator”. Automáticamente le mandó otro audio a Rolo. “Cancelá todos los planes que tengas hoy. Tenemos trabajo para hacer”. 



Esa noche Rolo llegó a lo de Francisco con un pack de cervezas debajo del brazo. “Creo que te estás obsesionando un poco con el tema”, dijo mientras entraba a la casa. “Pero me salvaste de una cena a la que no quería ir así que soy todo oídos. ¿Qué es lo que querés hacer?" 


Cuando entraron al comedor, la mesa estaba llena de papeles. 

  • Tenemos que encontrar en los temas de Soda y Cerati solista indicios de que él es un asesino, dijo Fran.

  • Amigo, realmente creo que se te chifló el moño, le respondió Rolo. ¿Para qué querés hacer eso? ¿Y por qué imprimiste todas las letras si las podemos ver desde la compu?, le respondió Rolo. 

  • Con papel hay más claridad y no te distraés con nada de la compu. 


Rolo miró a Francisco con desconfianza, pero no le dijo nada más, solo que compraran algo para comer que estaba muerto de hambre. 


Las horas pasaron, las empanadas desaparecieron, las cervezas se vaciaron hasta que finalmente se hicieron las tres de la mañana.


- Amigo, yo me voy a ir yendo si. Estoy muerto, le dijo Rolo a Francisco.

- Dale, igual creo que ya terminamos. Tenemos en total seis canciones que hablan sobre muerte explícita o implícitamente: Crimen, Corazón delator, El cuerpo del delito, Entre Caníbales, Lo que sangra y Adiós. Tenemos frases como: “salgamos de la habitación, escondámoslo en un lugar seguro”, “Come de mi, come de mi carne. Tómate el tiempo de desmenuzarme”, “Cruje tu nombre en las paredes”, “No conocían la profundidad, hasta que un día no dio para más”. 

- Buenísimo. ¿Y qué hacemos con todo esto ahora? ¿Vamos a la policía y les decimos “Gustavo Cerati es el asesino porque tiene seis canciones que hablan sobre la muerte?” 


Francisco lo miró a Rolo un poco avergonzado. 


- ¿Qué pasa Fran? ¿Por qué te obsesionaste tanto con esto?, le preguntó Rolo con una mirada suave

- Fran suspiró, se tiró en la silla y dijo: “Yo conozco a Cerati por mi viejo. Él me mostró toda su discografía. Me enseñó los acordes de la mayoría de las canciones. Y en su último tiempo, cuando estaba en el hospital, le ponía algunos temas y decía que escucharlo le aliviaba el dolor. Cerati nos unía y lo acompañó hasta el final. Si es un asesino, siento que todos esos buenos recuerdos, se corrompen. Por eso, prefiero ir mentalizándome de que Gustavo fue un asesino para no odiarlo tanto. Para no odiarlo por romper lo que me queda de mi viejo. 

- Fran, los recuerdos que tenés con tu papá no se van a corromper porque Cerati sea un asesino. No tiene nada que ver una cosa con otra. O sea, si lo es, seguramente deje de ser tu ídolo, pero no va a suceder nada con lo vivido con tu viejo. Solo tenés que separar al músico de la persona, le respondió Rolo comprensivo. 

- Si, tenés razón. Todo esto fue una locura. 

- No pasa nada. Qué mejor que pasar una noche con tu mejor amigo, tomando birra, comiendo empanadas y escuchando a tu artista favorito. Pero bueno, ya es muy tarde así que me voy.

 

Ambos se levantaron y Fran lo acompañó hasta la puerta.


- No te preocupes, vas a ver que Cerati no mató a nadie. Ya veremos qué dicen las noticias. Mientras tanto, pensá en otras cosas, le dijo Rolo mientras se despedía. 


Una semana más tarde, mientras Francisco se preparaba el almuerzo, prendió la tele y escuchó una noticia que le alegró el día: el cuerpo no fue hallado en la casa de Cerati sino en la casa vecina.  Además, el cuerpo tenía un reloj Casio con calculadora que fue clave para enmarcar el asesinato entre 1980 y 1990. 

En ese momento, también le llegó un mensaje de Rolo “¿Escuchaste? Los periodistas habían dicho cualquier cosa. Al cuerpo lo encontraron en la casa del vecino de Cerati. Ya podés dejar a tus recuerdos en paz”. 


Francisco le respondió: "Lo acabo de escuchar. No sabés la felicidad que me da saber que Cerati no es un asesino. Lo que sí, si el cuerpo estaba en la casa de al lado, significa que el asesino fue alguno de los Crat. Yo re conozco a esa familia. No puedo creerlo. ¿Quién será el muerto?"


"No sé quién será el muerto ni el asesino, pero me conformo con saber que Cerati no fue y a mi amigo no me va a volver hacer analizar la discografía completa de su músico preferido hasta las tres de la mañana. ¿Querés tomar unas birras el jueves con Tomi y Coco?"


Las semanas pasaron y el crimen, de a poco, dejó de ser noticia. Los vecinos también dejaron de comentar sobre si existía la posibilidad de que alguno de los Crat pudiera cometer un crimen semejante. Sin embargo, cuando el caso ya estaba casi en el olvido, una noticia sacudió a todos: habían descubierto la identidad de la víctima. Con la pista del reloj, los investigadores se pusieron a buscar los registros de todos los desaparecidos entre la década del 80 y 90 y hubo una coincidencia, que luego fue constatada con ADN. El nombre de la víctima era Diego Hernández Loma de dieciséis años. En 1984, había ido a visitar a un compañero del colegio y nunca regresó. Su familia había hecho la denuncia correspondiente y lo buscó durante años, pero la investigación nunca avanzó. A esta información se le sumó que el cuerpo tenía lesiones compatibles con apuñalamiento en la zona de las costillas y el tórax. Además, tenía fracturas y cortes que indicaban que habían querido desmembrar el cuerpo. El principal sospechoso era Cristian Crat, compañero de colegio de Diego, aunque no podían detenerlo ya que habían pasado cuarenta años, por lo que el caso estaba prescripto. 


Como era de esperarse, a Francisco le llegó un audio de Rolo:


- ¿Viste qué se resolvió el caso de Cerati? 

- ¡Si! No puedo creer que haya sido Cristian y sobre todo, no puedo creer que no puedan meterlo preso. Pobre familia. 

- Si, la verdad que es terrible. Pero por lo menos, después de tantos años buscándolo, supieron dónde estaba su hijo. ¿Qué habrá pasado, no?

- Nunca lo vamos a saber. 

- Che, ¿y Cerati habrá escrito las canciones por él?

- Cómo las va a escribir por él si ni siquiera sabía de su existencia.

- Si, es verdad. Tiré cualquiera. Che, ¿sale picadito el viernes?