domingo, 23 de agosto de 2015

Gracias a un accidente

Dicen que la vida da tantas vueltas que uno nunca sabe con lo que se puede encontrar. De un día para el otro uno puede dejar de ser lo que era, y  un pequeño error puede cambiarte la vida. Eso mismo me pasó a mí, que por anotar mal un número conocí a mi papá.

Según mi mamá, mi papá era un australiano que vino a pasar sus vacaciones acá, se conocieron y en poco tiempo se enamoraron profundamente. Él pensaba dejar todo y venirse a vivir ella. Pero un día, por un mal entendido, se pelearon y él decidió regresar. Como no le dejó ningún dato, mi mamá nunca pudo volver a contactarlo y por ende nunca se enteró de que del fruto de su amor había nacido yo.

Lo único que tenía de él era una foto. A veces me preguntaba si  había heredado de él mi pasión por la música y sobre todo por el piano.
El piano, mi fiel amigo, el que me acompaña desde los 6 años, el que me ha visto reír y llorar y gracias al cual conocí a mi progenitor.

Resulta que yo estaba en el último año del colegio, ya había decidido que mi destino era estudiar música por lo que debía practicar para hacer el examen de ingreso al conservatorio.
Para sentirme un poco más segura opté por ir a un profesor, busqué en Internet y vi uno que me parecía el indicado. Me anoté la dirección y me dirigí al lugar.
Cuando llegué y leí el nombre de la academia me di cuenta de que me había equivocado pero como ya estaba ahí decidí entrar igual. 

La recepcionista me atendió muy amablemente y me dijo que el profesor estaba libre asique podría conocerlo y charlar sobre cómo serían las clases.
Me acerqué a la sala que me habían indicado y el corazón me empezó a latir fuerte, desde el pasillo se podía escuchar la primera canción que aprendí a tocar y que me encanta. Eso ya era un buen indicio. Con una sonrisa abrí la puerta y me quedé helada. 

No podía ser verdad lo que estaba viendo. Allí estaba. El que estaba tocando el piano era nada más y nada menos que mi papá.

Él levantó la vista y me sonrió. Obviamente no sabía quién era yo. Como vio que estaba no emitía sonido se acercó hacia mí y me preguntó si me sentía bien. Me puse a llorar.
Él no entendía nada. Trataba de calmarme pero yo lloraba aún más y más. Cuando pude respirar le dije que era mi papá. Él pensó que estaba jugando pero cuando le dije el nombre de mi mamá su cara se transformó.

Cuando me calmé hablamos tranquilos, le conté todo lo que sabía al respecto. No podía creer todo lo que estaba pasando.
Me acompañó a mi casa y allí se encontró con mi mamá. Fue un día de demasiadas emociones.
¿Quién iba a decir que por escribir mal un número iba a pasar todo esto?

De este día ya pasaron diez años. Hoy mi papá y mi mamá están más enamorados que nunca. Tengo un nuevo hermanito y mi papá y yo nuestra propia academia de música. 

domingo, 26 de julio de 2015

Amor subterráneo


Me llamo Marcos y soy músico en el subte.  Si, vivo de eso. Y antes de que me empiecen a decir vago, hippie o sucio, les cuento que hay denominaciones que me quedan mucho mejor como: persona que ama lo que hace, soñador, optimista o cualquier término que sea adjetivo de feliz. Toco en la línea D simplemente porque es verde y a ese color se lo relaciona con la esperanza, sentimiento que mí me sobra y que creo que nunca hay que perder, al menos que se cumplan los objetivos, claro. Cuando era más joven vivía con la esperanza de que pasara algo asombroso, algo que me cambiara la vida. Por suerte, hoy en día tengo el agrado de decir que así sucedió. Fue un viernes. Empecé mi día a eso de las diez cuando el subte dejó de ser una lata de sardinas. “Muchacha ojos de papel” fue el primer tema que interpreté y así fui variando el repertorio hasta la hora del almuerzo.  A eso de las tres, volví al mundo subterráneo. Como siempre, vi pasar un sinfín de gente: altos, bajos, gordos, flacos, mujeres con tacos, hombres en traje, chicos con chupete y adolescentes con celulares. Es increíble con la diversidad con la que uno se puede encontrar ahí abajo, pero también es increíble como entre todas esas personas tan diferentes puede haber solo una que te vuele la cabeza. Eran las 21:03 cuando subió al vagón. Su perfume me envolvió por completo dejándome totalmente embobado. Tenía puestos unos jeans oscuros, botas negras, un tapado azul marino y un brillante pelo castaño, atado en una larga cola de caballo. Cuando la miré a los ojos quedé paralizado, nunca en mi vida había visto semejante belleza. Se sentó en el asiento al lado de la puerta, justo en frente mío, en el lugar perfecto para admirarla hasta el cansancio. Era hermosa. No me imagino como me vería desde afuera, pero seguro que no muy bien, porque una señora me preguntó si me pasaba algo. Ahí fue cuando volví a la realidad. Como vi que ya había suficiente gente me presenté y anuncié que iba a comenzar con una canción de Charly. No hizo falta decir más, con solo decir ese nombre logré que me prestara atención. Me clavó los ojos y sonrió. No tienen una idea de la explosión de sentimientos que se generó en mi interior en ese glorioso momento.  Hice sonar los primeros acordes y seguí con las primeras estrofas de “Rezo por vos”. Ella automáticamente cerró los ojos y empezó a mover la cabeza al compás de la música. Mi corazón latía cada vez más fuerte. No podía dejar de mirarla, estaba hipnotizado. El subte frenó en José Hernández, subió más gente, pero no me importó.  Solo me importaba ella.

“¿Sigo con una de Cerati?”, pregunté. LE pregunté, mejor dicho. Asintió con la cabeza y “Trátame suavemente” fue la canción que siguió. Avanzamos dos estaciones más y yo no podía parar de derretirme. Sentía que había una química tan grande que podía llegar a producir un estallido. De repente quedé en blanco. Todas las canciones se me habían borrado de la mente. Lo único que reproducía mi cabeza era mi futuro con ella al lado. Suena muy exagerado, lo sé, pero les juro que fue amor a primera vista, nunca me había pasado algo semejante. Como mis neuronas siguieron sin poder hacer sinapsis, no me quedó otra que preguntarle al público qué quería escuchar y allí ocurrió el milagro. La voz más dulce del universo penetró en mis oídos pidiéndome una canción del Flaco. “Tus deseos son órdenes” pensé. Y le canté con mucha fuerza “Seguir viviendo sin tu amor”. Frenamos en Bulnes, ella se paró y a mi casi me agarró un paro. No podía dejarla ir. Por suerte, no se bajó ahí, pero si lo haría en la estación próxima, así que me disculpé con el público y empecé a guardar las cosas rápidamente. Todos se empezaron a parar y a dejarme unos billetes en la gorra. Si bien me encanta que hagan eso, en ese momento necesitaba actuar con rapidez. Frenamos en Agüero y esquivándome se bajó. Bajé tras ella. Pensaba seguirla e invitarla a tomar algo, pero no pude. No sé qué fue lo que me pasó. Ahí me quedé, parado mirando como el amor de mi vida se escurría entre la gente. Me fui a mi casa totalmente decepcionado. No entendía cómo pude haber sido tan estúpido. Con mucha bronca empecé a contar lo recaudado en el día, parecía que en ese sentido las cosas habían salido bien. Cuando estaba sacando los últimos billetes de la gorra, mi corazón dio un vuelco, mezclado había un papel arrugado con un número de teléfono. ¿Me lo habría dejado ella? Lo agendé tan rápido como pude, pero cuando abrí el Whatsapp la desilusión volvió a invadirme. La foto era de una señora con un hijo, se ve que a alguien se le había caído sin querer. Me fui a dormir con un sabor amargo en la boca. Nunca me iba a perdonar no haber accionado.Fue la peor noche que tuve en años. No podía dejar de pensar en ella y en el momento mágico que había vivido y, por supuesto, de cómo había arruinado todo. Al otro día me levanté cansado y enojado. Pensé en quedarme en casa, pero para bien o para mal la vida siempre sigue así que me fui a tomar un café al bar del que era habitúe. Me senté, saludé al mozo, me puse a leer el diario, el ritual de todos los días. Mi ánimo comenzó a mejorar, escribí los títulos de las canciones que tenía ganas de cantar y sin darme cuenta empecé a tararear “Al lado del camino”. “Me encanta esa canción, ayer no la cantaste”, escuché decir. Me quedé petrificado. Estaba soñando o realmente la voz que me hablaba era… Me di vuelta de inmediato y ahí estaba, parada frente a mí, con el pelo atado con esa cola de caballo que me volvía loco. Me la quedé mirando sin poder pronunciar una sola palabra. De todos los recovecos que tiene el mundo, la chica de mis sueños pasó por el que estaba yo, me vio y entró y ahí estaba, parada frente a mí, encarándome y todo era real.  “Perdón que te moleste, pero te vi por la ventana y no te podía dejar ir otra vez. Me llamo Lucía.” Y así fue como empezó todo. Nos pasamos toda la mañana hablando, teníamos muchas cosas en común. Yo no podía creer lo que estaba pasando, pero pasaba. ¿Cómo terminó todo? Salimos un tiempo, pero no funcionó. No estábamos en la misma sintonía. Sin embargo, se ve que las cosas tenían que ser porque años después nos volvimos a encontrar. Hoy Lucía es mi esposa, la madre de mis hijos y la mujer de mi vida.

miércoles, 1 de julio de 2015

Respirar

Trato de sonreír. No es muy difícil, lo hago siempre pero esta vez es diferente.
Un nubarrón gris pasa por mis ojos y todo se oscurece.
Mi pecho se infla, mi garganta se cierra. Hago fuerza para que mis lágrimas no empiecen a caer.
Hay gente mirando y decir lo que siento no es una opción.
No solo porque no me gusta sino porque no se muy bien que me pasa. 
O sí, Quizás no es una sola cosa sino muchas que me van afectando en mayor o menor medida dependiendo la situación. 
Respiro hondo. La angustia pasa por un momento. 
Trato de sonreír. Lo logro por un tiempo. Pero el nubarrón vuelve a aparecer.
Pasan las horas. Ya no aguanto más. Rompo en llanto.
Las lágrimas recorren mis mejillas rápidamente. Se me ahoga la respiración. Quiero gritar. 
Mi corazón late fuerte pero a la vez se va calmando. Las pulsaciones bajan,
Todo se tranquiliza. Todo se aclara. No se cuanto va a durar esta sensación. Espero que mucho.
La tristeza no es para mí. Solo quiero que pase y poder ver, detrás de las nubes, el cielo azul.

lunes, 11 de mayo de 2015

A veces te quiero

A veces te quiero porque cuando estoy con vos no hay problema que exista.
A veces te quiero porque mi corazón está en paz cuando estoy cerca tuyo.
A veces te quiero porque sin darte cuenta me sorprendés de la más grata manera.
A veces te quiero porque me hacés sonreir con solo mirarte.
A veces te quiero porque cuando estás conmigo me siento una mejor persona.
A veces te quiero porque, aunque pase el tiempo, sigo pensando que sos el único para mí.

viernes, 24 de abril de 2015

¿Cuándo fue la última vez que lloraste de la risa?

¿Cuándo fue la última vez que te dolió la mandíbula de tanto reirte?
¿Cuándo fue la última vez que dijiste "hace cuanto que no me ría así"?
¿Cuándo fue la última vez que tuviste que reíste hasta llorar?
Si no te pasa hace mucho, ¿Por qué?

lunes, 20 de abril de 2015

Para vos, deportista

A medida que vamos creciendo nuestros papás nos van metiendo en diferentes actividades, un poco para que vayamos aprendiendo diferentes cosas, otro poco para mantenernos ocupados y otro para que vayamos viendo que es lo que nos gusta y cuál es nuestra misión en esta vida.
Así es como de repente en un lapso corto de tiempo hicimos desde pintura rupestre hasta nado sincronizado.
Por suerte, llega ese maravilloso momento de la vida en el que tenemos poder de decisión y nos inclinamos por una de todas esas actividades. Algunos se quedan con la danza, otros con el arte, otros con los idiomas, la tecnología, la música. Vos si estás leyendo esto claramente te inclinaste por los deportes.
Si Sócrates estuviera dando vueltas por acá y fuera de los tipos que anda sin vueltas, diría que el deporte es una  actividad o ejercicio físico, sujeto a determinadas normas, en que se hace prueba, con o sin competición, de habilidad, destreza o fuerza física.

Nosotros ahí le diríamos, todo bien Sócrates, muy linda tu definición pero el deporte es otra cosa.
El deporte es eso que hace que te olvides de todo por una, dos, tres o mil horas.
Es el que te hace decir no puedo a muchas otras cosas pero también es el que te hace decir lo logré cuando alcanzaste tu meta después de tanto entrenar.
El deporte es lo que te hace golpear a todos con el bolso en el transporte público.
Es eso que hace que el club se convierta en tu segunda casa y tu profesor/a en parte de tu familia.
Es eso que hace que te vuelvas atérmico, porque no importa que llueva, nieve o truene, vos vas a estar ahí entrenando.

El deporte también es eso que te hace conocer amigos, pero no cualquier amigo, te hace conocer a esos que te entienden cuando hablás técnicamente, amigos que aunque pases años sin verlos y te reencuentres con ellos después de años, van a seguir llevándose bien porque comparten una misma pasión y entienden tus felicidades y tus broncas.
Además, el deporte es el que define los rasgos físicos. De repente te vas a encontrar asociando a una persona alta con un basquetbolista, una con espalda ancha con un nadador y una elástica con una gimnasta y probablemente no te equivoques.

El deporte también hace que los deportistas tengan esas cosas como comer en el viaje al club, preferir un jogging o una calza antes de un jean y obviamente las zapatillas son sus mejores amigas.
Pero ojo, a la hora de lookearse son los primeros que se empilchan de pies a cabeza, tacos altísimos para las mujeres, camisita fachera para los hombres. Maquillaje, infaltable y perfume inolvidable.
Y en las fiestas prepárate, porque siempre van a ser los que el animador destaque por su buena onda.
Porque el deporte hace eso, hace que puedas estar cantando y bailando a lo loco y en un microsegundo llegar a la máxima concentración para salir a competir.

Y porque también es así, el deporte te da disciplina, confianza en vos mismo, te da la capacidad de moldearte ante cualquier situación.
Hace que tu acción preferida sea ponerte los patines, patear la pelota, agarrar el palo de hockey o ponerte las antiparras.
El deporte es eso que hace que cuando sentís el viento en tu cara te sientas la personas más feliz del mundo.


lunes, 6 de abril de 2015

Capítulo 7 (parte 2)

Les dejo lo último que escribí de esta historia y espero algún día poder terminarla.


22 de marzo de 1992

A pesar de que todos estamos muy tristes con la pérdida de Cristian, para la mayoría de nosotros esta es nuestro  penúltimo  acá y la queremos disfrutar. Es por eso que durante el día cada uno va a ser lo que le guste y a la noche vamos a cenar todos juntos.
Por mi parte decidí simplemente ir a la playa. Yo sé que podría hacer algo más divertido pero después de leer la carta de Sofía solo se me ocurre ir ahí.

-          Mirá acá está.

Querido Thiago:
                           Sé que preferís que no mantengamos mucho contacto, según vos para que no nos extrañemos tanto, pero ¿sabés qué? Me es imposible no extrañarte. Estás en mi mente todo el tiempo, veo tu cara en todos lados y no hay noche en la que no me pregunte si estarás bien.
                           Hoy revelé las fotos de nuestras vacaciones. Las miro una y otra vez. Mirándolas siento que estás conmigo y no tenés una idea de lo que daría por estar a tu lado.
                        Cambiando de tema (porque si sigo me tomo un avión ahora mismo y me voy a donde estés) quiero que sepas que me ascendieron, no te puedo expresar lo feliz que estoy. Otra buena noticia es que estoy haciendo un curso de cocina, asique cuando vuelvas te voy a esperar con tu comida preferida.
                      Por último, te quiero pedir que cuando puedas me mandes aunque sea un telegrama para que sepa que estás bien.
                                                   Te amo con el alma,
                                                                                       Sofía.

-Ay! ¡Me muero de amor!
- Se nota que se amaban de verdad, alguien que no ama a una persona jamás podría escribirle semejante carta.
Florencia y Francisco se miraron un largo rato hasta que Francisco reaccionó y dijo:
-          Se está haciendo de noche, ¿querés que te acompañe a tu casa?
-          ¿No querés terminar de leer? Solo queda un día en Brasil.
-          Tenés razón, terminemos lo que queda.

23 de marzo de 1992

Todo guardado, pasaje en mano, listo para tener una nueva aventura, solo me queda despedirme de todos.  La peor parte. Asique voy a empezar a tomar aire, hacerme hombre y tratar de no llorar, cosa que veo imposible. Estas personas tocaron mi corazón y van a estar guardados en mi memoria para siempre.