Cuando te vi no lo podía creer.
Tus cicatrices prácticamente no estaban y tus ojos ya no reflejaban lo mismo de
siempre. Por eso supe que te pasaba algo. Cuando salí del shock de ver tu nuevo
rostro, me hiciste sentar. Me dijiste que esa era la sorpresa que me habías
mencionado en Mar de las Pampas cuando nos habíamos encontrado. Me contaste que, en
realidad, habías terminado el cuatrimestre hacía bastante, pero que te habías
quedado más tiempo para realizarte la cirugía y recuperarte. También me
contaste que mientras estabas internado tuviste una compañera de habitación, también argentina, que había pasado por una operación similar a la tuya. Me dijiste que habían
tenido una conexión inmediata porque entendían lo que era vivir como si fueran
monstruos. También me dijiste que se habían hecho amigos muy rápido y que sin
darse cuenta esa amistad había terminado algo más y que ahora estaban juntos.
Empecé a sentirme mal, muy mal. La presión me debió haber bajado a tres ese día.
Me acuerdo de que tu cara se me empezó a desfigurar. En ese momento y para
siempre, el hecho de que prácticamente habías vuelto a tener tu cara de nuevo
pasó a un último plano. No entendía qué era lo que me estabas diciendo. No
podía ser verdad. No podías decirme lo que me estabas diciendo cuando te esperé
durante meses. No podías decirme que estabas con otra cuando me habías
prometido que cuando volvieras nadie nos iba a separar. Te odie. Te odié como
nunca odié a nadie, Simón. Mientras me pedías perdón, los cables comenzaron a
conectarse. Por eso era que siempre me cortabas las conversaciones. Por eso era
que empezaste a no responderme los mensajes o me esquivabas las conversaciones.
Y yo que pensaba que era que todavía no sabía usar bien Whatsapp, que en ese
momento todavía era algo nuevo ¡Qué ilusa! No tenés una idea de cómo me hiciste
sufrir. Lloré todavía más que la primera vez que nos separamos. Pensé que nunca
me iba recuperar, pero por suerte tiempo después apareció Sebas, que la remó
tanto, pero tanto que logró que finalmente me fijara en él y lo quisiera.
Aunque nunca lo llegué a amar, hizo que me olvidara bastante de vos, o por lo
menos hasta que nos volvimos a reencontrar en Gesell y comenzaran nuestros
encuentros furtivos anuales. Maldigo el día que comenzó todo y te maldigo a vos
por haberlo iniciado. ¿Por qué me besaste si estabas de novio? ¿Por qué lo
hiciste sabiendo que la cosa no iba a terminar en un simple beso? Si te diste cuenta
de que lo nuestro seguía intacto ¿Por qué no dejaste a Clara y te quedaste
conmigo? Yo lo hubiera dejado a Sebas por vos. Pero no, solo hicimos ese
estúpido acuerdo sin sentido: vernos en Gesell una vez al año y después hacer
como si no existiéramos Fue muy difícil para mi ese trato. Cada vez que estaba
con vos, me quedaba con ganas de más, de tenerte al lado mío, como debería ser. Igual, creo que la peor parte fue cuando te casaste. De verdad, ¿era necesario? ¿Quién
se casa a los veinticuatro años? O mejor dicho ¡¿Quién se casa hoy en día?! Ese verano te juro que no pensaba verte. Traté a toda costa de no ir, pero Sebas me
insistió demasiado porque ya se había acostumbrado a pasar año nuevo en Gesell
y le encantaba. Y si bien terminé yendo, tenía firmemente decidido que no iba a
verte, pero como una estúpida volví a caer en tus garras. No pude evitarlo, ni
ese año ni el otro ni el otro. Entonces ¿por qué no aparecí este año y tampoco
supiste nada más de mí? Lamentablemente no fue porque pude sacarte de mi vida.
Es muy difícil contártelo y pensé mucho si realmente quería decírtelo, pero me
di cuenta de que era necesario. El verano pasado no me viste porque fui mamá y
hace nueve meses estamos viviendo en Madrid. Igualmente, no voy a estar acá
mucho tiempo más. Me trasladaron del trabajo y en unos meses ya me vuelvo. Con Sebas
terminamos. Con la llegada del bebé me di cuenta de que él se merecía a alguien
que lo quisiera de verdad. Así que estamos solos con Camilo (te acordás que te
dije que cuando tuviera un hijo le iba a poner Camilo). Es el bebé más bueno
del mundo. Se ríe un montón y ya está
intentando pararse. Cuando nació peso 3,525 kg y midió 52 cm. Hoy en día, tiene el pelo medio rubio y los ojos color miel más hermosos del mundo.
martes, 10 de septiembre de 2019
jueves, 22 de agosto de 2019
Esos Ojos Color Miel V
Cuando te vi
entre los árboles de Mar de las Pampas, el corazón me dio un vuelco. Me
quedé completamente inmóvil. Ahí estabas, después de un año de prácticamente no
saber nada de vos, estabas ahí, en frente de mis ojos caminando con una bolsa de
La Pinocha en la mano. Cuando me viste vos también te quedaste paralizado, pero
no tardaste en volver a reaccionar y acercarte a mí. Me abrazaste
muy fuerte y me empezaste a hacer un montón de preguntas sobre mi vida, pero yo
lo único que atiné a decirte fue por qué no me habías avisado que habías
vuelto. Me dijiste que habías vuelto solo
por las fiestas, que en unos días ya te volvías porque tenías que terminar la
cursada, que no me habías dicho nada porque pensabas darme una sorpresa más
adelante. Mientras me hablabas tu voz me resonaba como un eco y todo a mi alrededor
giraba en círculos. Por suerte las chicas vinieron a rescatarme, porque si no
creo que caía desmayada ahí. Creo que nunca estuviste al tanto de la magnitud de
todo lo que me provocabas. Los siguientes días traté de no pensar en vos y de disfrutar mis
vacaciones con mis amigas, pero era imposible sabiendo que estábamos en el
mismo lugar, en nuestro lugar. Cuando una mañana me desperté y vi que el mensaje que tenía era tuyo empecé a
temblar, y cuando leí que querías verme, se me cortó la respiración. Se
lo mostré a mis amigas y la mayoría estuvo de acuerdo con que no te contestara,
pero ¿cómo resistirme ante una de mis mayores debilidades? A pesar de las
quejas y súplicas de las chicas me cambié y salí a tu búsqueda como un perro
cuando lo llaman a comer. Estúpida, estúpida, estúpida. Odiaba ser tan arrastrada
y odiaba seguir queriéndote tanto, pero que inevitable era. Me pasaste a buscar
por Toscana, el hotel donde estaba parando, en 107 y playa. Cuando salí estabas
ahí parado, qué lindo que estabas ¡y que ganas de comerte la boca tenía! Caminamos por
la avenida 3 porque la idea era volver por la playa. Me acuerdo de que rompiste el hielo preguntándome qué me parecía parar por el centro y te contesté que no había como
las playas del sur. Me contaste de tu vida en Inglaterra, de cómo era ir a la
facultad en el extranjero. También me dijiste que habías hecho algunos amigos y que, si
bien te gustaba estar allá, sentías que tu lugar era acá en Buenos Aires. Yo te
conté cómo fue mi último año de colegio, de lo bien que la había pasado en mi
viaje de egresados y que en marzo empezaba la licenciatura en Publicidad. Cuando
volvíamos caminando por la playa, de la nada me dijiste que me extrañabas. Con solo escuchar esas palabras, la tristeza que
se había acumulado en mi alma durante todos los meses que estuvimos separados, se disolvió y todo se llenó de felicidad. Nos
besamos mucho, y en cada beso confirmaba una vez más que eras la persona que
quería besar el resto de mi vida. Me acompañaste de nuevo al hotel. Nos
volvimos a besar y el beso se hizo cada vez más apasionado. No quería que te
fueras, o por lo menos no así. Supongo que te diste cuenta de que no te había
invitado a pasar para que conocieras el lugar. Mientras caminábamos por el
largo pasillo que separaba la puerta principal de la habitación le mandé un
mensaje a las chicas para que no aparecieran por un buen rato. Llegamos. Me
senté en la cama y te dije que te sentaras al lado mío. Te vi nervioso y
seguramente pensaste que yo también lo estaba, pero la verdad es que estaba muy
decidida. Los nervios vinieron después, con lo desconocido. Todavía me acuerdo
de tus manos acariciándome, de nuestros corazones latiendo con fuerza y de vos cuidándome
todo el tiempo. Al fin habíamos tenido nuestra primera vez, esa que, por uno u
otro motivo, no se nos había dado en los meses que estuvimos de novios. Obvio
que después de estar juntos menos quería que te fueras. Quería congelar el
momento para siempre, pero no fue posible. Nos despedimos entre besos, lágrimas
y abrazos. “Vuelvo en julio y nadie nos va a separar”, me dijiste mirándome a
los ojos. Yo confié en tus palabras. Por eso, cuando seis meses después volviste de novio y con una cara nueva, el mundo se me derrumbó.
domingo, 21 de julio de 2019
Esos Ojos Color Miel IV
A lo largo de estos años me di
cuenta de que los problemas en las parejas comienzan cuando se abren al mundo,
cuando dejan de ser solo dos contra todo y comienzan a compartirse con el resto
de la sociedad. Siempre me acuerdo el primer día que fui a tu casa y me
presentaste a tus viejos. Tu papá me saludó muy amablemente, pero tu mamá me
miró con un desprecio que hasta un ciego lo hubiera notado. Era por eso que
siempre que me invitabas a ir te inventaba alguna excusa. No me sentía cómoda y
muchos menos después de escuchar que tu mamá le decía a tu tía que yo estaba
con vos porque por la plata, porque no era posible que me gustaras. Nunca te lo
dije porque no me parecía correcto, pero ahora me siento en condiciones de
poder liberar ese secreto. Y perdón que te lo diga así, pero ¿qué clase de
madre puede pensar eso? Se que para alguien externo si podía ser difícil pensar
que me haya podido enamorar de vos a pesar de tus cicatrices, ¿pero tu mamá? Más
que nadie tendría que haber sabido todas las cualidades que tenías. Más allá de
eso, ese tiempo que pasamos juntos para mí fue un sueño e hizo que me enamorara
de vos cada vez más. Por eso, cuando me dijiste que te ibas un año a estudiar a
Inglaterra el mundo se me partió en dos. No solo porque te ibas a alejar de mí,
sino porque vos no querías ir, pero no tuviste las agallas de decir que no. Después
de despedirte aquella tarde lloré todos los días hasta que no tuve más lágrimas.
La distancia siempre es difícil, pero en ese momento lo fue todavía más ya que aún
no existía ni Whatsapp ni Instagram ni todos los medios de comunicación que hay
ahora. Lo único que logró levantarme el ánimo en esa época fue la magia de
quinto año, mis amigas, Bariloche, la fiesta de egresados y el pensar en mi
futuro después del colegio. Sin embargo, eso no hizo que pudiera sacarte de mi
cabeza. En octubre de ese año, con mis
amigas comenzamos a planear nuestras primeras vacaciones juntas y, como era de
esperarse, se decidió como destino Villa Gesell. De ese viaje esperaba mucha
diversión, libertad, un poco de nostalgia porque cada rincón me iba a hacer acordar
a vos. Lo que jamás esperé era encontrarte.
domingo, 26 de mayo de 2019
Esos Ojos Color Miel III
El 14 de enero fue el último día
de playa del 2011. Ni bien me desperté miré por la ventana. A pesar de que
habían pronosticado mal tiempo, el cielo estaba completamente despejado. Pensé
que iba a hacer un gran último día y de hecho lo fue, solo que un poco
diferente a lo que había imaginado.
Luego de desayunar fui a la playa. Allí me
encontré con Beca y Luchi, lo cual era muy extraño ya que nunca aparecían hasta
después de las cuatro de la tarde. Me dijeron que como era mi último día habían
querido pasar tiempo conmigo, pero luego comprendí que sus intenciones eran
otras. Esa mañana me preguntaron que onda con vos y aunque traté de negar todo
terminaron haciéndome confesar lo mucho que me gustabas. Beca me dijo que,
aunque vos no le habías dicho nada, ella sabía que yo también te gustaba, solo
que no te animabas a hacer nada por miedo al rechazo. Así que empezaron a
cranear un “plan maestro” para que finalmente diéramos el siguiente paso. La idea era ir a bailar como habíamos hechos
otras tantas veces, pero durante la previa te iban a comer la cabeza para que
entendieras que ambos nos gustábamos. Como recordarás nada de eso sucedió, por
suerte. Me gusta mucho más como finalmente terminaron las cosas. Debo decir que
cuando después de almorzar vi como el cielo se llenó de nubes y el viento
empezó a soplar como nunca casi me dio un paro cardíaco. Si llegaba a llover no
solo no te iba a poder ver en la playa, sino que tampoco íbamos a poder vernos
a la noche, lo que significaba volver a Buenos Aires sin que hubiera pasado
nada. Se ve que a vos te pasó lo mismo porque al rato me llegó un mensaje tuyo
preguntándome si quería ir a merendar a La Austríaca ya que no íbamos a poder
vernos en la playa. Me dijiste que le dijera a Beca y a Luchi, pero pensé que
luego de la conversación que habíamos tenido a la mañana entenderían si no les
de decía nada. Me pasaste a buscar con el auto, pero te sugerí que fuéramos
caminando a pesar de que habían empezado a caer algunas notas. Dudaste un poco,
pero aceptaste. Cuando llegamos al lugar nos sentamos en una mesa desde donde
se podía ver cómo la lluvia iba mojando toda la calle de arena. Te noté un poco
nervioso. Yo también lo estaba ¡y cómo no! si era nuestra primera cita no
oficial. Para romper el hielo te hablé sobre lo bien que la había pasado en las
vacaciones, que deseaba que nunca terminaran. También te comenté de lo
emocionada que estaba con el hecho de que era mi último año del secundario, que
no podía creer que a principios del otro año ya sería una estudiante
universitaria. Me dijiste que no pensara en eso, que disfrutara lo más posible todo
lo que vendría, que iba a ser lo mejor que me pasara y de lo que nunca me
olvidaría. Cuando trajeron las porciones de torta, como la mía era gigante, me
apostaste una salida en Buenos Aires a que no la terminaba. Acá es cuando te
confieso que después de no dejar ni una miga con tal que me invitaras a salir,
no pude comer torta de chocolate y dulce de leche como por un año. ¡Esa torta
era enorme de verdad! Para cuando nos fuimos de la casa de té, ya eran las seis
de la tarde y había parado de llover. Me propusiste ir a la playa a caminar un
rato y obviamente te dije que sí. Si era por mí, te acompañaba hasta otra
galaxia con tal de estar con vos. Salimos por el muelle, ya que estábamos por
la 129, y encaramos para la 142. Caminamos callados. Yo particularmente estaba
pensando de que manera podíamos quedar “casualmente” uno frente al otro para
decirte lo que sentía y darte un beso. Vos no sé en qué pensabas, pero te veías
nervioso. Cada tanto me mirabas de mirabas de refilón y suspirabas. Me gusta
pensar que vos también planeabas la estrategia perfecta para besarme. Finalmente, llegamos a las 142 y nos sentamos en la arena fría. El cielo se había despejado
de nuevo así que pudimos ver cómo el sol, que se estaba escondiendo entre los
médanos, iluminaba las olas dándole un color inigualable. Te dije que amaba la
playa a esa hora porque el mar se ponía hermoso. “Vos sos hermosa”, me dijiste
tímidamente y cuando te miré a los ojos, de un impulso me robaste un beso. En
ese instante supe que nunca más quería besar a otra persona que no fueras vos. Fue
el mejor día de mi vida, lástima que al día siguiente nuestra burbuja se
explotaría.
domingo, 5 de mayo de 2019
Esos Ojos Color Miel II
Al final esa noche no fuimos a
bailar, los tragos y el Tutti Frutti se extendieron más de lo previsto, y
aunque me quedé con las ganas de conocer algún boliche, la pasé muchísimo mejor.
Me habías parecido súper divertido y muy lindo. Y no sé qué opinás vos, pero
para mí nuestra conexión fue inmediata. Nos despedimos con un rápido beso en el
cachete, pero nos quedamos mirándonos una eternidad. Dicen que los ojos
reflejan el alma y la tuya se veía muy transparente. Me hechizaste por
completo, Simón.
Debo confesar que no pude
aguantar mucho la intriga, así que al día siguiente le pregunté a Beca que te
había pasado en el rostro y, aunque me lo explicaste muchas veces, sigo sin
entender como es que una cortadora de pasto terminó pasándote por arriba. También
tengo que confesarte que me moría de ganas de verte de nuevo y cuando me enteré
de que, en realidad, parabas en Mar de las Pampas me desilusioné mucho ya que
así, solo podría verte si las chicas arreglaban para salir y decidían invitarte
a vos y a tus amigos. Les rogué a todos los santos de todas las religiones para
que pronto se concretara una salida, y parece que me escucharon porque al día
siguiente Beca lo propuso. Así que esa noche me cambié, pero esta vez pensando
en vos, y me fui a lo de Luchi ansiosa por verte de nuevo. Cuando cruzaste la
puerta mi corazón, otra vez (y como siempre), empezó a latir fuerte. Me
sonreíste y adentro de mí empezaron a explotar fuegos artificiales. No quería
parecer muy desesperada, pero seguro se notaba veinte mil leguas que me gustabas.
En la previa me enteré de que estabas por empezar el primer año de ingeniería,
porque además de lindo siempre fuiste muy inteligente y lograste hacer el CBC
en solo un año. Cuando sonaron las alarmas (¿te acordás que nos pusismos la
alarma para que no se nos pase la hora de nuevo?) limpiamos todo y nos fuimos
hasta la parada del colectivo. Me acuerdo de que tu amigo Pablo se quejó de que
iba a venir lleno, pero yo le dije que estábamos en la calle 142 y hasta ahí todavía
no subía nadie. Como no me creyó apostamos un trago y por supuesto gané, aunque
siempre agradezco que esa apuesta no la hicimos años después cuando Gesell se
empezó a poblar más y en esa parada el bondi llegaba ya casi sin asientos.
En el colectivo nos sentamos
juntos. Ahí me contaste que jugaste al rugby muchos años, pero que con la
facultad tuviste que dejar. También me dijiste que te gustaban los perros y que
el tuyo era el mejor de todos. Lo que te olvidaste de mencionar fue que
bailabas muy bien, eso lo comprobé adentro Dixit, el boliche donde terminamos
yendo después de estar como una hora decidiendo. Esa noche tuve mucho levante,
pero no le di bola a nadie porque, en realidad, solo quería estar con vos. Cuando
salimos rogué que fuéramos a la playa a ver al amanecer, pero todos prefirieron
ir a bajonear un pancho al Marroquí. Por suerte vos me quisiste acompañar. Cuando
encaramos por la 107 me di cuenta de lo borracha que estaba porque mis huellas
en la calle de arena no seguían un camino derecho. La playa estaba tan llena
que parecían las tres de la tarde. Nos sentamos y en silencio esperamos a que
saliera el sol. De vez en cuando te miraba y vos a mí, pero ninguno se animaba
a decir ni hacer nada porque la tensión que había era muy fuerte. El amanecer
fue hermoso, aunque solo lo pude capturar con mis ojos porque la cámara digital
se la había quedado Luchi en su cartera. No sabés las ganas que tenía ese día
de que me abrazaras muy fuerte y quedarme así, para siempre. No sé si fue la
borrachera o el momento, pero te dije que deseaba que pararas cerca de donde
estaba yo así podía verte todos los días, y esa misma tarde apareciste
caminando por la larga entrada del balneario de Sunset y fue la primera de
todas las que siguieron hasta que se terminaron las vacaciones. Al principio,
para que ni Beca ni Luchi pensaran que nos gustábamos pasábamos todo el tiempo
con ellas, pero con el correr de los días empezamos a buscar momentos a solas.
Teníamos suerte de que a ninguna de las dos les gustaba meterse al mar ni salir
a caminar. Así que n esos instantes entre las olas o en las caminatas hasta el
muelle nos conocimos un montón. Me contaste que desde tu accidente tus papás te
sobreprotegían y eso te molestaba muchísimo. Te sentías sofocado. También me
confesaste que solo habías besado a una chica y fue solo porque la habían
desafiado. Te sentías un monstruo y pensabas que nunca nadie te iba a querer. Te
dije que era imposible que alguien no te quisiera y que si no estaban con vos
por tu apariencia era porque solo querían algo pasajero y únicamente para
alardear. Te reíste y me dijiste que te decía eso porque era tu amiga, aunque
sabías perfectamente que estaba muerta por vos. Si me quedé callada aquella vez
fue porque, por primera vez, pensé que en realidad no te gustaba y eso me
partió el alma.
miércoles, 24 de abril de 2019
Esos ojos color miel I
Mientras pensaba como decirte lo
que tengo para decirte me acordé de cómo comenzó todo.
Me acuerdo de que cuando
vi el cartel de “Bienvenidos” le pedí a mi papá que subiera el volumen de la
música y me puse a cantar muy fuerte. Era el 30 de diciembre de 2010 y faltaban
solo dos días para que comenzara el 2011, el año en el que cumpliría 18, terminaría
el colegio y te conocería a vos, el gran amor de mi vida.
Ni bien nos instalamos en el
departamento me fui corriendo a la playa. Como todos los años, cuando toqué la
arena cerré los ojos para escuchar el sonido del mar y me dejé abrazar por la
brisa tan típica de Villa Gesell. Después, me metí al agua y desde ahí miré
para la costa. Había muy poca gente todavía. El primer malón llegaría al día
siguiente para pasar fin de año y entre ellos estarías vos. El segundo malón,
lo haría el primero de enero, al comenzar la quincena. Ahí estarían Beca y
Luchi, que días más tarde serían las encargadas de presentarnos oficialmente.
Digo oficialmente porque no sé si te acordás, pero nosotros ya nos habíamos
cruzado. Fue uno o dos días antes, yo había ido a caminar hasta el muelle y en
el camino me compré un licuado. Cuando lo terminé, me acerqué al sector de
carpas, donde estaban los tachos de basura para tirar el vaso vacío, y ahí te
vi. Bah, vi tus ojos. Esos ojos color miel, con esa mirada tan intensa que me
generó una electricidad por todo el cuerpo. Vos también te quedaste helado,
pero solo por unos segundos, después te fuiste rápido, como escapándote. Al
principio pensé que eras tímido, pero cuando nos presentaron entendí que era lo
que te había pasado.
El 5 de enero de 2011 el día estaba
hermoso así que fui temprano a la playa. Ahí me encontré con Beca y Luchi, que me
preguntaron si ese año podría ir a bailar ya que el año anterior, cuando las
conocí, mis papás no me lo permitieron porque todavía era muy chica. Cuando les
dije que sí se emocionaron todavía más que yo y al instante nos pusimos a hacer
planes para la noche. Nos íbamos a juntar en lo de Luchi y en la peatonal
íbamos a decidir a qué boliche ir. Hasta ese momento ni siquiera podía imaginar
que eras amigo de Beca y que te vería horas más tarde. A eso de las diez,
después de cenar, comencé a prepararme. Me acuerdo de que me puse una pollera
tubo negra y una musculosa roja. También recuerdo que mientras me ponía el
labial pensé en esas cosas que se aprenden de chico y quedan automatizadas para
siempre, como pintarse los labios o ponerse las medias de nylon. Si no te lo
enseñan como sabe uno que primero hay que ponérselas de a una hasta las
rodillas y después subirlas completamente. Perdón, me fui de tema, pero creo
que esa fue la última vez que pude tener un pensamiento tan superficial. Luego
de esa noche, te instalaste en mi cabeza y nunca más te fuiste.
Volviendo a
cómo sucedieron los hechos, luego de cambiarme y maquillarme me fui a lo de
Luchi. Mientras preparábamos algo para tomar sonó el timbre y, en ese momento,
me enteré de que nos acompañarían unos amigos de Beca. Lo que nunca me hubiera
imaginado era que, entre ellos, ibas a estar vos. Debo confesar que al
principio no me di cuenta. Es que a diferencia de la primera vez que nos vimos,
vi tus cicatrices y no tu mirada. La verdad que fue impactante, pero bastó que
nuestros ojos se encontraran para comprender que eras vos. Mi corazón comenzó a
latir con fuerza. No entendía nada, ¿cómo es que habíamos coincidido los dos en
el mismo lugar? “Simón”, así me dijo Beca que te llamabas y que eras amigo de
ella hacía muchos años. En ese momento no me atreví a preguntarle que te había
pasado en la cara, por qué tenías tantas cicatrices. De lo que sí me animé fue
de ofrecerte un trago y de preguntarte de dónde eras. San Isidro, me
contestaste y, automáticamente, pensé que eras de una familia con plata, lo que
no pensé fue que ese detalle nos iba a pesar tanto, tiempo después.
jueves, 22 de noviembre de 2018
La Tarjetita de Cumpleaños. El final
El jueves a la noche la pasó a buscar por el Club
Universitario de Buenos Aires, donde daba la mayoría de sus clases, y fueron a
cenar a un bar que quedaba cerca de ahí. A diferencia del domingo se la veía un
poco disgustada y eso lo preocupó. Luego de un suspiro, Milagros se ató su
cabellaocastaña en una cola de caballo y le pidió disculpas por su estado de ánimo.
Le contó que hacía un año no le aumentaban el sueldo y que su sindicato ya no
sabía qué hacer para que el gobierno les prestara atención. “¿Los yogis tienen un
sindicato?, preguntó Damián extrañado. Mili largó una risita y su cara se
volvió a iluminar. “Obvio, que hagamos una disciplina atípica no quiere decir
que no seamos trabajadores como cualquier otra persona”. “¿Y por qué no hacen
una manifestación o algo de eso?”. Al decir esa frase, la cara de ella cambió.
Era como si algo se le hubiera ocurrido, pero no dijo nada al respecto. Finalmente,
la conversación tomó otro rumbo y ella recuperó su típico buen humor. Luego de
varias cervezas, Damián le terminó confesando que en realidad no tenía ningún
sobrino y que había ido al cumpleaños porque encontró la tarjetita y tuvo un
impulso. Milagros comenzó a reír a carcajadas, no podía creer lo que estaba
escuchando. “Bueno, agradezco que ese nene haya perdido la tarjeta, sino nunca
nos hubiésemos conocido”. En ese momento, él se sintió de quince años. Su corazón
le latía rápido y fuerte. Lo que siguió fue inevitable, la agarró de la
cintura, la besó tímidamente en los labios, y ella lo correspondió.
Aquella fue la primera de muchas citas que tuvieron.
El alma de Damián había sanado y se sentía muy feliz junto a Mili. Todo iba
perfecto, hasta que una noche ella le estaba mostrando unas fotos en su celular
cuando le llegó una notificación en la que se podía leer que un hombre le
mandaba una dirección y le decía que mañana se encontrarían ahí.
- ¿Quién es?,
preguntó.
- Un alumno, le contestó ella con poca seguridad.
- No pareciera ser
un alumno. Mirá, a mí las relaciones abiertas no me van, así que si
estás saliendo con otra persona decímelo y no nos vemos más
- ¡No! Yo te quiero mucho y quiero estar con vos. Te juro que no estoy saliendo con
nadie más.
- ¿Entonces?
- Es que no te puedo contar, es algo secreto.
- A mí
me podés contar lo que sea, podés confiar en mí.
Mili dudó un momento y luego
largó sus palabras como un escupitajo:
- Estamos organizando una concentración
energética para que el gobierno nos aumente el sueldo.
-¿¡Qué!?, dijo Damián
anonadado.
- No me mires así, vos fuiste el de la idea.
- ¿¡Yo!?, cómo te voy a
dar esa idea si ni siquiera sé de lo que me estás hablando.
- Eso es porque
nunca quisiste venir a mis clases. No te acordás la primera vez que salimos que
me sugeriste que hiciéramos una manifestación o “algo”, bueno, ese “algo” es la
concentración energética.
- ¿Y vos pensás que con eso el gobierno les va a
aumentar los sueldos?
- Dami, somos energía. Todo es energía y no hay nada más
poderoso. ¿Por qué pensás que ya no estás más deprimido? Por que pudiste
desbloquear centros energéticos.
Damián largó una carcajada.
- Si ustedes
logran que les aumenten el sueldo con lo que van a hacer, yo te pido
casamiento. Milagros sonrió y le dio un beso. “Prepará los anillos para este
viernes, entonces”.
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