Nos conocimos en las clases de salsa, o mejor dicho armando
la coreografía de fin de año ya que como íbamos diferentes días nunca nos
habíamos visto más que por fotos. Él era rubio, alto, lindo, extremadamente
gracioso y… diez años mayor que yo. ¿Y qué? Dirán ustedes. No se preocupen, yo
me hice la misma pregunta muchísimas veces, solo que cuando tenés 22 y estás
pasando el peor año de tu vida, la perspectiva de las cosas cambia un poco,
pero si les parece bien les cuento un poco mejor como se fueron sucediendo los
hechos.
Como les contaba anteriormente, nuestra historia comenzó cuando todos
los viernes a la noche viajábamos unos 40 minutos para practicar la coreo de
fin de año. En los primeros ensayos todavía no teníamos tanta confianza, ni
nosotros dos, ni el grupo en general ya que, si bien íbamos a las clases y a
algunas fiestas, como todos saben, generar una amistad lleva un poco más de
tiempo o un punto de partida. El nuestro fue un asado que surgió como quien no
quiere la cosa y en el que terminamos festejando el cumpleaños de él. Comimos,
bailamos, cantamos, la pasamos tan, pero tan bien y se generó tan buena onda
entre todos que lo que siguió después fueron prácticas llenas de risas,
diversión y mucha cerveza. Quiero aclarar que este último dato no es menor ya
que gracias a ella fue naciendo nuestro amor. No me malinterpreten, no quiero
decir que nos emborrachábamos en cada ensayo y así fue como nos acercamos. En
realidad, fue todo lo contrario. Comenzamos a acercarnos en los tiempos muertos
en que los demás iban a comprar la cerveza. Charlábamos de todo, de lo que nos
gustaba hacer, de nuestra familia, de nuestras metas y ambiciones y así, de a
poquito, fue metiéndose en lo más profundo de mi alma que, en ese momento,
tenía una herida muy grande. miércoles, 14 de marzo de 2018
miércoles, 15 de noviembre de 2017
Un Amor All Inclusive IV
Los días
pasaron, me establecí por completo en mi nuevo trabajo y se puede decir que
prácticamente me volví experto en hoteles All Inclusive, o mejor dicho, de las
personas que se hospedan en este tipo de hotel.
Por
ejemplo, algo bien general que se ve en el 90% de los huéspedes es que tardan
aproximadamente 40 minutos desde que cruzan la puerta en olvidarse que son
padres, profesionales o personas responsables para convertirse en esponjas que
absorben alcohol las 24 horas del día.
Luego, si
entramos a hilar más fino y nos metemos a observar a las distintas nacionalidades,
se puede decir que son fácilmente
distinguibles, simplemente hay que ver qué y a qué hora arrancan a tomar y de
qué lado del buffet se sientan. Los canadienses, por ejemplo, empiezan tipo 11
de la mañana con alguna bebida blanca y en el comedor se sientan, en el
desayuno, del lado de las cosas fritas y en el almuerzo y la cena del lado de
la comida más liviana. Los argentinos, en cambio, arrancan con cerveza tipo 12.
En cuanto a la ubicación en el restaurant, en el desayuno están del lado de las
cosas dulces, las frutas o los fiambres y en el almuerzo y la cena cerca de la
parrilla o las pastas. Igualmente por lo que más se los distinguen es por lo
tarde que van a comer.
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lunes, 12 de junio de 2017
Rompiendo Estereotipos
Simplify
group es un grupo de gente al que le importa el bienestar de las personas y
realiza servicios específicos según las diferentes necesidades de las personas
o empresas. El sábado pasado me invitaron a su evento “YogArte + Cerveza” donde
viví una de esas experiencias que no se viven todos los días.
La consigna
era romper estereotipos y no quedó ninguna duda de que así fue. Si bien yo
practico yoga desde hace ya varios años y sé perfectamente que llevar una vida
sana no excluye bailar, tomar alcohol o divertirse de cualquiera de las formas
posibles, nunca había tenido la oportunidad de poder disfrutar todo a la vez.
El evento
tuvo lugar en un espacioso salón con vista al río. La cita era a las seis de la
tarde por lo que los que llegamos a horario tuvimos el placer de deleitarnos
con el hermoso atardecer que nos ofreció el día. Mientras esperábamos que se
inicie formalmente el programa, podíamos elegir entre relajarnos con unos
masajes en los pies o cabeza o volcar toda nuestra creatividad pintando un montón
de hojas distribuidas meticulosamente en el piso.
Al cabo de
una hora, las organizadoras nos llamaron para comenzar con las actividades.
Cada uno eligió una colchoneta y comenzamos con unos juegos para conectarnos
entre todos y romper el primer estereotipo ¿Quién dijo que en una clase de yoga
uno no puede reírse? ¿Quién dijo que una práctica de yoga es, únicamente, hacer
posturas?
Una vez
terminadas las actividades volvimos a nuestras colchonetas para bajar las
pulsaciones pero sobre todo para ver y entender como nos sentíamos en ese
momento. Minutos después, cuando la práctica física había comenzado, se podía
observar a más de 40 guerreros uniendo su cuerpo, su alma y su mente.
El día
continuó, algunos tuvieron la suerte de ganar en el sorteo que se realizó
mientras que los demás simplemente disfrutamos de romper el estereotipo n°2
¿Quién dijo que los practicantes de yoga no pueden tomar cerveza? No solo que
podemos, sino que lo hicimos mirando la espectacular Luna llena reflejada en el
río.
Y como no
hay dos sin tres, terminamos el día quebrando el último estereotipo bailando al
compás de la banda de cumbia Salame Sandia y comiendo unos ricos muffins
salados y saludables.
¿Si
recomiendo YogArte? Definitivamente, los que tengan la posibilidad de asistir a
los próximos encuentros no dejen de hacerlo, no se van a arrepentir.
Pueden
encontrar información en Facebook: Simplify Group y en Instagram: simpgroup
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lunes, 1 de mayo de 2017
Un Amor All Inclusive III
Eran las
tres menos cuarto. Todavía tenía quince minutos para cruzar el parque que
separaba la ruta de la puerta del hotel por lo que me quedé ahí parado observando su inmensidad. Si bien no tenía más
de tres pisos, ocupaba al menos unas siete cuadras de largo, y eso era solo la
fachada.
A las tres
en punto el coordinador del personal me recibió por la puerta de servicio.
Apurado pero amable me dio las indicaciones correspondientes y luego de darme
el uniforme me acompañó hacia uno de los restaurants.
No fue
mucho lo que pude ver en ese corto trayecto pero si de afuera el lugar se veía
grande, adentro era gigantezco.
Una vez
dentro, uno de los empleados se me acercó sonriente y dándome unas palmaditas
en la espalda me dijo:
-Hola
chico, mi nombre es Tomás, tu eres Diego, ¿verdad? Asentí con la cabeza.
Mirá, aquí
hay tres cosas importantes que debes saber sobre este trabajo:
La primera
es que si te gusta alguna de las clientes, no te inhibas, a las extranjeras les
encanta la carne cubana.
La segunda
es que cuando haces el turno noche puedes ir a la disco cuando termina la
jornada asique si fichaste a alguien durante el día, esa es tu oportunidad.
Por último
pero sin dudas lo más importante, no te enamores chicos, ellas siempre se van.
Los
consejos de Tomás me hicieron reír mucho, prácticamente no lo conocía pero
sabía que nos íbamos a llevar muy bien. Le devolví las palmaditas en la espalda
y le dije:
-
No
te preocupes chico, no soy de los que se
enamoran fácil.
-
Esa
es la actitud que me gusta, ahora ven por aquí que te voy mostrar un poco la
mecánica del trabajo.
Las horas
fueron pasando, de a poco fui conociendo al resto de mis compañeros y aprendiendo
el manejo del lugar. A eso de las 17:30 se abrieron nuevamente las puertas del
buffet y comenzaron a llegar los primeros huéspedes para cenar. Con el correr
del tiempo el lugar se empezó a llenar y se convirtió en un bullicio terrible. La gente
iba y venía con platos llenos de comida y nosotros tras ellos viendo que no les
falte nada.
En un
momento, me detuve un minuto para acomodarme la camisa y cuando levanté la
vista vi que en una de las mesas había una madre joven con un niño de unos
nueve años. Me llamó un poco la atención su vestimenta ya que parecían de otra
época pero como los turistas suelen vestirse de manera extravagante no me
detuve mucho en ese detalle. Lo que si no pude pasar por alto fue que cuando me
acerqué para preguntarles que querían beber, ellos ya no estaban allí ni en
ningún otro lado.
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viernes, 24 de marzo de 2017
Un amor all inclusive II
Eran las
seis de la mañana cuando me tomé el autobús para Varadero. Apenas salía el Sol
pero las calles estaban bastantes concurridas.
Cuando
pasamos por la plaza de la Revolución me despedí de la figura del Che, no solo
porque no sabía cuándo la volvería a ver, sino porque considero que cuando algo se termina, temporal o
definitivamente, hay que anunciarlo para
que la mente lo entienda.
Doblamos y
tomamos por el Malecón. Ahora sí se podía ver que estaba ingresando el frente
frío porque las olas habían crecido y se movían violentamente como los
recuerdos en mi cabeza.
Es cierto
que no me estaba muriendo pero cuando
uno pasa por un lugar donde vivió
momentos tan importantes es imposible no pensar en todo lo ocurrido. En esa
calle,mi papá me enseñó a andar en bicicleta, di mi primer beso, probé mi
primera cerveza. A esa calle iba cada vez que necesitaba pensar y ahí tomé la
decisión de irme.
Mientras
avanzábamos en el camino, se podía ver la transición del agitado paisaje urbano
de La Habana a la tranquilidad de los diferentes pueblos.
Creo que no
paré de pensar en todo el viaje. Si bien no estaba arrepentido de mi decisión, dudaba del trabajo que había tomado. Me estaba yendo a trabajar
de mozo a un hotel All Inclusive. Claramente el problema no era ser mozo y
hasta podría decir que tampoco lo era el
all inclusive. Si bien es un choque de mundos y, para los cubanos, una realidad totalmente diferente, ya estamos
acostumbrados al abismo que hay entre los lugares hechos para los turistas y
aquellos donde vivimos nosotros. El problema sin duda era en lo que se
transformaban las personas dentro de esa burbuja.
El autobús frenó
de golpe interrumpiendo mis pensamientos. Ya habíamos llegado a destino.
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Varadero
lunes, 20 de febrero de 2017
Un amor all inclusive I
Cuando terminé de poner en el bolso
lo último que me quedaba, me di vuelta y, como no podía ser de otro modo, ahí
estaba mi mamá, parada en la puerta llorando como en cada momento que
acreditaba que me estaba transformando en un hombre.
-
Voy a estar a solo tres horas de aquí y te voy a
llamar todos los días. ¿Puedes dejar el dramatismo por una vez en tu vida?
-
¡Dramatismo
tu abuela! Te quiero ver a vos cuando tu único hijo ya sea lo suficientemente
grande como para dejar de la casa de sus
padres y se vaya a trabajar a otra provincia.
Esta vez se puso a llorar peor. Le
di un fuerte abrazo y un beso en la mejilla.
-
Me
voy a caminar un rato, ¿sí? Vuelvo enseguida.
Aunque era invierno y pronosticaban
la llegada de un frente frío, aquella noche era perfecta. Empecé a caminar sin
rumbo por la típica oscuridad cubana, esa que odiaba y amaba a la vez solo porque permitía que se
vieran muchas más estrellas que en cualquier lado.
Me llamo Diego, tengo 22 años y soy
medio cubano y medio argentino. Puede ser que por eso suelo ver las cosas de
otro modo.
Todo empezó hace 24 años atrás
cuando mi mamá vino a vacacionar aquí, lo conoció a mi papá y nunca más quiso
irse de su lado. Hasta el día de hoy son muy felices a pesar de sus diferencias
que aunque ellos digan que no, son muy
notorias.
Con respecto a mi crianza, mi papá
hizo lo imposible para inculcarme su ideología
comunista, sin embargo, mi mamá, inconscientemente, me mostró que fuera
de la isla había otra realidad, una realidad que siempre me gustó mucho
más que esta.
Cuando terminé el colegio, a pesar
de las súplicas de mi familia, decidí no ir a la universidad. No me
interesaba estudiar una carrera
que no me haría feliz. Yo
quería ser publicista, como lo era mi
mamá antes de irse de Argentina, pero como todos saben, la publicidad es palabra prohibida en Cuba asique preferí
ganarme la vida de otra cosa.
Fui mozo, taxista, vendedor,
fotógrafo y hasta un improvisado guía turístico pero dentro de mí había algo
que me inquietaba, algo que me decía que pronto iba a pasar algo. Así fue como
tomé la decisión de irme de La Habana a Varadero.
martes, 27 de diciembre de 2016
24 horas en París con un mimo El final
Y mientras nos besábamos, allá en lo alto, con todo el mundo
a nuestros pies, una electricidad recorría todo mi cuerpo. Al principio, mi
corazón latía a toda velocidad pero después de un momento, cuando sus manos
empezaron a acariciar mi espalda, mis latidos se calmaron y sentí una paz
inmensa, una paz que no había sentido en mucho tiempo.
Nos miramos sin decir una palabra, me corrió el pelo de la
cara, se mordíó el labio inferior y ambos suspiramos sincronizadamente. Esta
vez fui yo quien lo tomó de la mano y tras mirar por última vez ese asombroso
paisaje empezamos a descender.
Luego de bajar tomados de la mano y absolutamente en
silencio, el ruido de la calle hizo que la burbuja en la que estábamos se
rompa. El mimo me sonrió y cuando esa
mirada pícara que me había acompañado durante todo el día simplemente le
sonreí y le dije:
-
Muero por saber a dónde vamos a ir.
A los 15 minutos estábamos parados en frente de una puerta
negra. El pequeño hombrecito toco dos veces y se abrió. Uno de esos patovicas
gigantes lo saludó como si lo conociera, corrió una pesada cortina e hizo una
ademán para que pasáramos.
La música sonaba muy fuerte. Había mucha gente bailando y
bebiendo y todos se veían felices.
El lugar era chiquito pero agradable. Fuimos a la barra a pedir
unos tragos y no sé muy bien que pasó en el medio, ni cuanto habré tomado pero
tengo flashes en los que me veo arriba de una tarima bailando como loca.
Después de un par de horas, cuando el efecto del alcohol
había bajado un poco el mimo me “dijo” que ya era hora de irnos. Al salir, el
viento golpeó mi cara y me terminé de recuperar.
-
La pasé increíblemente bien. No me acuerdo
cuando fue la última vez que bailé tanto.
El mimo me sonrió y me miró como si quisiera hacer algo pero
no se animaba. Le di un beso rápido en los labios y le dije que me llevara a
donde estaba pensando ir.
Caminamos algunas cuadras y llegamos a la puerta de un
edificio de un solo un par de pisos. Sacó las llaves del bolsillo y me invitó a
pasar.
Subimos las escaleras y abrió otra puerta. Era un
departamento bastante lindo. En el living tenía un sillón de cuero y una mesa.
Desde allí se veían tres puertas. Una daba a la cocina, otra a la habitación y
otra al baño. El mimo entró a esta última luego de decirme que me siente.
Al cabo de unos minutos, el mimo salió y yo una vez más me
quedé sin palabras. Ya no estaba allí ese hombrecito de cara pintada sino que
tenía parado en frente mío a un hombre alto, de espalda ancha, morocho y con
unos grandes ojos negros que no paraban de mirarme.
Se sentó junto a mí y quiso empezar a hablar pero esta vez
no lo dejé, le tapé la boca con mis dedos y le di un beso impulsivo y
apasionado.
No voy a decir que hicimos el amor, no solo porque suena
cursi sino porque todos sabemos que para hacerlo justamente se necesita que
haya amor. Sin embargo, no fue una simple relación sexual vacía.
Definitivamente fue algo muy especial que me renovó el alma y que recuerdo
hasta el día de hoy.
A eso de las 4 de la mañana, nos encontrábamos los dos,
desnudos y abrazados en su cama como si fueramos una pareja.
-
- Madrid y hasta hace un par de
meses era Ingeniero, estaba a punto de casarme y mis papás seguían vivos.
- - ¿Y qué pasó?
- - Un día me llamaron a la oficina para decirme que
mis papás habían tenido un accidente automovilístico y habían fallecido. Me
dejaron salir antes del trabajo y cuando llegué a mi casa, desbastado, la
encontré a mi novia, en mi cama, con mi mejor amigo.
- - Noo! ¿Y que hiciste?
- - Fue una mezcla, de llanto, gritos, silencio.
Imaginate que fue toda una situación terrible. La persona que más necesitaba en
ese momento me había traicionado y tirado 5 años de noviazgo al bote de basura.
- - ¿Y cómo llegaste acá?
- - A los dos días, luego del entierro de mis padres
y cuando mi novia finalmente se fue de mi apartamento. Decidí que no quería
seguir adelante. Simplemente necesitaba hacer un paréntesis en mi vida. Quería
estar en silencio y no ver ni hablar con nadie. Asique renuncié a mi empleo, cerré
mis redes sociales, guardé mi celular en un cajón, armé un bolso, fui a la
estación y saqué el boleto para el primer tren que saliera en ese momento. Y me
trajo hasta aquí.
- - ¿Y por qué un mimo?
- - Esa historia es un poco más graciosa. Un día me
levante con ganas de molestar a la gente. De chico había hecho circo y allí me
enseñaron a ser un mimo asique me pinté la cara y salí pero te puedo asegurar
que nunca me había encontrado una muchacha tan guapa como tú.
Le sonreí y lo besé de nuevo. Nos
quedamos hablando un rato más. Si en silencio era divertido no pueden
imaginarse lo que era hablando. Nunca voy a entender como la novia lo pudo
haber engañado.
Finalmente nos quedamos dormidos
y nos despertamos a eso de las 9:30. Como mi vuelo salía a las tres de la tarde
y todavía tenía que armar la valija, desayunamos rápido y me acompaño hasta mi
hotel.
Cuando llegamos a la puerta me le
colgué del cuello y le di un abrazo cálido y me dijo:
- - Ahora mi vida es un caos ¿sabes? Me hubiera encantado haberte conocido en otro momento.
- - ¿Creés que nos vamos a volver a ver?
- - Yo creo que si el destino quiere que volvamos a
vernos, va a conspirar para que eso suceda.Me miró por última vez a los
ojos, me dio un beso suave en los labios y se fue caminando despacio.
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